viernes, 13 de enero de 2012

Estudiando en el universo

Soñado el 12/01/12

No estoy segura de cómo empezó todo, si fue una máquina del tiempo o simplemente yo quería estudiar en una escuela que estaba flotando por algún lado en el universo. Así es, era como una gran esfera transparente y dentro de esta, estaba una gigante escuela.

Yo estaba ahí parada, a mitad del camino y detrás de mi amiga Carla, ella hablaba con sus amigos que ya conocía desde hace tiempo -ella ya tenía dos años en esa escuela -mientras yo moría de nervios, me puse a ver a mi alrededor. Todo era pintoresco, tecnológico y realmente agradable. En los salones, los alumnos se sentaban en una sola hilera y detrás de cada uno de ellos, había una pequeña pantalla con su nombre en ella, ahí ponían cosas como tareas o se veía lo que escribían en sus computadoras.

Luego, Carla quería darme un ''Tour'' al resto del colegio y ahí fuimos. Tenían una alberca enorme, como el resto del lugar, era pintoresca y muy bonita, el agua cambiaba de color cada determinado momento -porque tenía luces-. Luego pasamos por los dormitorios, eran enormes, eran como un pequeño departamento y más que una escuela, parecía un Hotel con solo Suites. Después pasamos por los cuartos -no confundan con dormitorios -, un cuarto era cualquier lugar donde te gustaría estar, por ejemplo, habían cuartos que eran tiendas, o restaurantes, también habían cuartos de música o artes en general, en fin, era cualquier cosa que a una persona le gustaría tener.

Carla nunca me llevó a su cuarto, quizá me lo mencionó pero ya no lo recuerdo tanto.

Me llevó con una amiga suya, ella estaba en su cuarto. Cuando entramos fue un tanto raro, en el todo el piso había agua, como veinte centímetros de alto y al tocarla con un pie, automáticamente salían unas botas para caminar por ahí sin mojarse. A esa chica parecía que le gustaban las plantas acuáticas, su cuarto trataba de eso -esa es la razón por la que el piso era agua.

Ella parecía alegre, cuidaba mucho a sus plantas y su cuarto era realmente bonito. Las pareces eran ventanas, el piso era transparente -y con el agua menos se veía. Se acercó a mí y me preguntó si yo quería mi cuarto, por supuesto yo acepté. Puso una cubeta muy grande en el piso -aunque no era muy alta -, le puso unos diez centímetros de agua, comenzó a romper huevos de gallina y ponía adentro la clara y la yema. Luego me dijo que me sentara dentro de la cubeta, nadie se reía y me miraban tan normal, que supuse que era el procedimiento para obtener un cuarto así que acepté y me senté ahí. Después, volvió a romper más huevos -fácil unos diez -pero esta vez me echaba la yema en la cabeza, mojándome el cabello y realmente, fue horrible.

Me dijo que me saliera de la cubeta y me explicó que cuando me secara por completo -sin ayuda de ninguna toalla -iba a aparecer mi cuarto y que yo no lo elegía, sino este sería algo de mis pensamientos.

Sabíamos que tardaría mucho tiempo en secarse así que Carla continuó dándome el tour.

Fuimos a varios lugares, desde el motor de esa nave hasta un parque y espacios así, todo era tan extraño y hermoso a la vez.

A las pocas horas me había secado completamente, pero antes de saber qué era mi cuarto, habían despertado.

Aprendí que: En los sueños no me da asco nada.

domingo, 8 de enero de 2012

El señor las cartas

Soñado el 6/01/12

Era un día caluroso -raro porque estábamos en invierno -y decidimos ir al centro a pasear. Era un lugar lleno de calles pequeñitas y despintadas, casi todo era de color hueso. En una de esas calles ya no podíamos pasar con el auto, era demasiado pequeña así que o estacionamos y decidimos ir a pie.

Ahí, se encontraba un señor con apariencia algo extraña: tenía pantalones cortos, camisa desgarrada sin mangas, tatuajes casi por todo el cuerpo y no usaba zapatos. Él estaba discutiendo violentamente con otro hombre, tenía una pistola en la mano y sabía que no la dudaría en usar.

Cuando escuchó nuestros pasos, calló y volteó a vernos, acercándose para acecharnos con su mirada. Noté que usaba unos aretes auténticos de mujer de estrellas negras, y en el bolsillo del pantalón una baraja de cartas tenía. Sin decir ni una palabra, dejó la pistola en un banco a su lado y siguió discutiendo con el otro.

Mi familia y yo quedamos inmóviles al ver la pistola, y por el mismo miedo yo quería hacer algo para que él no dañara a nadie. -Aún no comprendo como -me acerqué sigilosamente al banco donde se encontraba la pistola, la agarré rápidamente y me la escondí en la espalda. Él me escuchó.

Se dirigió a mí y me arrebató la pistola, apuntándome en la barbilla con esta para amenazarme de muerte para no volverlo a hacer. No tenía miedo ya. Volvió a dejar la pistola en el banco y volví a quitársela más sigilosamente, incluyendo sus aretes y las cartas que traía, quizá lo hice por venganza pues, odio que me amenacen.

Salimos de ahí con prisa mi familia y yo, nos dirigimos a la casa y al llegar, ese señor estaba en la puerta esperándonos. Me entró el temor de que su amenaza haya sido cierta, escondí sus cosas en una chamarra y me la lleve en brazos. Al bajar del auto él nos dijo que alguien había robado algunas de sus pertenencias y que estaría vigilándonos para descubrir quién fue.

Lo ignoraron todos y entraron a la casa, fui detrás de ellos. Al parecer nadie se había dado cuenta de que le quité sus pertenencias así que fui a contárselo a mi madre, me dijo que tenía que deshacerme de esas cosas para evitar que él nos haga daño, y me dijo que me ayudaría. Su plan era este: me disfrazaría y me llevaría al mar para aventarlo todo al agua; no parecía mala idea.

Así fue como en la noche me disfracé y me subí al auto para agacharme y que nadie me viera, mi madre iba a manejar pero antes de subirse al auto, mis hermanos entraron el coche y me quité rápidamente la peluca y lentes que me puse y salí del auto. Mi madre me vio a fuera y me preguntó que pasaba, le contesté que no quería que ellos nos acompañaran y me dio la razón, me llevó en otro coche a la playa -otra cosa rara, es que no vivimos cerca de la playa.

Llegamos y no se veía nada por la oscuridad, lo único que se alcanzaba a ver era gracias a la luz de la luna. Me subí a un pequeño muelle y aventé sus aretes lo más lejos que pude, le quité las balas a la pistola y lo aventé todo, al final, me senté para romper una por una las cartas en cuatro partes y así lo aventé. Regresamos a la casa.

Al día siguiente había un festival en la playa y decidimos ir. Al llegar yo me quedé sola, sentada en la orilla un poco antes de que empezara el muelle, al fijarme en el agua me di cuenta de que las olas arrastraron las partes de las cartas a la orilla, todo se veía. Quería acercarme para agarrarlo todo y llevármelo para que nadie lo descubriera pero, aquel señor llegó.

Sin voltear a verme, miró al agua y a sus amadas cartas, tomó una para verla y me la enseñó. Yo me quedé inmóvil, me había descubierto.

-Mira, cuatro de corazones...