Soñado el ?/?/11
Este fue quizá, el sueño más desesperante que he tenido, ¡y vaya que he tenido varios sueños así!
Como todo sueño, comenzó en algún lugar sin explicación alguna.
Estaba en el mar junto a una pequeña isla, donde no cabía más de un pequeño automóvil. Esta isla solo era un escalón que no medía mas de treinta centímetros de alto, yo estaba nadando y tratando de subir a esta isla.
Me sentía débil, lenta, y poco a poco me iba desesperando cuando no podía subir a la isla. Poco después llegaron unos peces muy extraños; pequeños, redondos y con dientes puntiagudos capaz de transmitir dolor pero no herir.
Este pez me mordía la muñeca, lenta y profundamente, aunque era débil su mordida pude sacármelo de la muñeca y así nuevamente volví a tratar de subir a la isla. No podía, trataba, y volvía a caer, una razón para desesperarse.
Por si fuera poco, el pez volvía a morderme una y otra vez, haciéndome desesperar más. Y por más que trataba de esquivar sus mordidas, este nunca fallaba. Siempre lo hacía tan lento que por lo menos tardaba cinco segundos en acercarse a un metro de distancia para morderme.
Fue tan desesperante, todo el sueño trató de lo mismo y jamás logré subir a la isla. Me desperté algo enojada y desesperada, pero al final no pude evitar reír al descubrir que fue todo un sueño.
Descubrí: No puedo gritar en mis sueños.
Este fue quizá, el sueño más desesperante que he tenido, ¡y vaya que he tenido varios sueños así!
Como todo sueño, comenzó en algún lugar sin explicación alguna.
Estaba en el mar junto a una pequeña isla, donde no cabía más de un pequeño automóvil. Esta isla solo era un escalón que no medía mas de treinta centímetros de alto, yo estaba nadando y tratando de subir a esta isla.
Me sentía débil, lenta, y poco a poco me iba desesperando cuando no podía subir a la isla. Poco después llegaron unos peces muy extraños; pequeños, redondos y con dientes puntiagudos capaz de transmitir dolor pero no herir.
Este pez me mordía la muñeca, lenta y profundamente, aunque era débil su mordida pude sacármelo de la muñeca y así nuevamente volví a tratar de subir a la isla. No podía, trataba, y volvía a caer, una razón para desesperarse.
Por si fuera poco, el pez volvía a morderme una y otra vez, haciéndome desesperar más. Y por más que trataba de esquivar sus mordidas, este nunca fallaba. Siempre lo hacía tan lento que por lo menos tardaba cinco segundos en acercarse a un metro de distancia para morderme.
Fue tan desesperante, todo el sueño trató de lo mismo y jamás logré subir a la isla. Me desperté algo enojada y desesperada, pero al final no pude evitar reír al descubrir que fue todo un sueño.
Descubrí: No puedo gritar en mis sueños.









0 comentarios:
Publicar un comentario