domingo, 8 de enero de 2012

El señor las cartas

Soñado el 6/01/12

Era un día caluroso -raro porque estábamos en invierno -y decidimos ir al centro a pasear. Era un lugar lleno de calles pequeñitas y despintadas, casi todo era de color hueso. En una de esas calles ya no podíamos pasar con el auto, era demasiado pequeña así que o estacionamos y decidimos ir a pie.

Ahí, se encontraba un señor con apariencia algo extraña: tenía pantalones cortos, camisa desgarrada sin mangas, tatuajes casi por todo el cuerpo y no usaba zapatos. Él estaba discutiendo violentamente con otro hombre, tenía una pistola en la mano y sabía que no la dudaría en usar.

Cuando escuchó nuestros pasos, calló y volteó a vernos, acercándose para acecharnos con su mirada. Noté que usaba unos aretes auténticos de mujer de estrellas negras, y en el bolsillo del pantalón una baraja de cartas tenía. Sin decir ni una palabra, dejó la pistola en un banco a su lado y siguió discutiendo con el otro.

Mi familia y yo quedamos inmóviles al ver la pistola, y por el mismo miedo yo quería hacer algo para que él no dañara a nadie. -Aún no comprendo como -me acerqué sigilosamente al banco donde se encontraba la pistola, la agarré rápidamente y me la escondí en la espalda. Él me escuchó.

Se dirigió a mí y me arrebató la pistola, apuntándome en la barbilla con esta para amenazarme de muerte para no volverlo a hacer. No tenía miedo ya. Volvió a dejar la pistola en el banco y volví a quitársela más sigilosamente, incluyendo sus aretes y las cartas que traía, quizá lo hice por venganza pues, odio que me amenacen.

Salimos de ahí con prisa mi familia y yo, nos dirigimos a la casa y al llegar, ese señor estaba en la puerta esperándonos. Me entró el temor de que su amenaza haya sido cierta, escondí sus cosas en una chamarra y me la lleve en brazos. Al bajar del auto él nos dijo que alguien había robado algunas de sus pertenencias y que estaría vigilándonos para descubrir quién fue.

Lo ignoraron todos y entraron a la casa, fui detrás de ellos. Al parecer nadie se había dado cuenta de que le quité sus pertenencias así que fui a contárselo a mi madre, me dijo que tenía que deshacerme de esas cosas para evitar que él nos haga daño, y me dijo que me ayudaría. Su plan era este: me disfrazaría y me llevaría al mar para aventarlo todo al agua; no parecía mala idea.

Así fue como en la noche me disfracé y me subí al auto para agacharme y que nadie me viera, mi madre iba a manejar pero antes de subirse al auto, mis hermanos entraron el coche y me quité rápidamente la peluca y lentes que me puse y salí del auto. Mi madre me vio a fuera y me preguntó que pasaba, le contesté que no quería que ellos nos acompañaran y me dio la razón, me llevó en otro coche a la playa -otra cosa rara, es que no vivimos cerca de la playa.

Llegamos y no se veía nada por la oscuridad, lo único que se alcanzaba a ver era gracias a la luz de la luna. Me subí a un pequeño muelle y aventé sus aretes lo más lejos que pude, le quité las balas a la pistola y lo aventé todo, al final, me senté para romper una por una las cartas en cuatro partes y así lo aventé. Regresamos a la casa.

Al día siguiente había un festival en la playa y decidimos ir. Al llegar yo me quedé sola, sentada en la orilla un poco antes de que empezara el muelle, al fijarme en el agua me di cuenta de que las olas arrastraron las partes de las cartas a la orilla, todo se veía. Quería acercarme para agarrarlo todo y llevármelo para que nadie lo descubriera pero, aquel señor llegó.

Sin voltear a verme, miró al agua y a sus amadas cartas, tomó una para verla y me la enseñó. Yo me quedé inmóvil, me había descubierto.

-Mira, cuatro de corazones...